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¿Remojar los pies en agua tibia con sal realmente funciona? Estos son sus beneficios, según expertos

Por Redacción Síntesis Legislativa 7 de agosto de 2026 Actualizado: 7 de agosto de 2026

El dolor de pies es una molestia muy común que puede aparecer después de pasar muchas horas de pie, realizar actividad física intensa, usar calzado inadecuado o como consecuencia de algunas enfermedades. Además de afectar la movilidad, este malestar suele provocar sensación de cansancio, inflamación e incluso dificultar el descanso al final del día.

Para aliviar estas molestias existen diversos remedios caseros, pero uno de los más populares sigue siendo el baño de pies con agua tibia y sal. Además de ser una opción económica y fácil de realizar en casa, especialistas señalan que esta práctica puede ofrecer beneficios para la relajación muscular, la circulación y el cuidado de la piel cuando se realiza correctamente.

El agua tibia ayuda a relajar los músculos, disminuir la tensión acumulada y favorecer la circulación sanguínea en los pies y tobillos. Al combinarse con la sal, especialmente la sal marina o las sales de Epsom, el baño también aporta un efecto exfoliante que ayuda a eliminar células muertas y mantener la piel más suave.

De acuerdo con el portal especializado en bienestar Passion Marine, este tipo de baños puede aliviar la fatiga muscular, reducir la sensación de pies cansados y disminuir la inflamación después de una jornada de mucha actividad. Además, la exfoliación favorece la prevención de durezas y callosidades, problemas frecuentes en personas que permanecen muchas horas de pie.

Los especialistas también destacan que la sal posee propiedades antisépticas que pueden ayudar a mantener la piel limpia y contribuir a la desinfección de pequeños cortes o raspones superficiales. Asimismo, este remedio casero puede ayudar a controlar la sudoración excesiva y reducir los malos olores al mantener una mejor higiene de los pies.

Aunque muchas personas atribuyen a estos baños la capacidad de eliminar toxinas del organismo, la evidencia científica sobre ese efecto es limitada. Sin embargo, sí existen investigaciones que respaldan su utilidad para aliviar ciertas molestias.

Un estudio publicado en PubMed Central encontró que los baños de pies con agua tibia y sal ayudaron a disminuir significativamente el dolor en personas con neuropatía diabética periférica, una complicación frecuente de la diabetes que provoca dolor, hormigueo y pérdida de sensibilidad en las extremidades. Los investigadores señalaron que esta técnica podría representar una medida complementaria para mejorar el bienestar de estos pacientes, aunque no sustituye el tratamiento médico.

Cómo hacer correctamente un baño de pies con agua y sal

Para aprovechar sus beneficios, los expertos recomiendan utilizar un recipiente suficientemente grande para que los pies queden sumergidos hasta los tobillos.

Lo ideal es llenar el recipiente con agua tibia cuya temperatura no supere los 37 grados Celsius, ya que el agua demasiado caliente puede provocar quemaduras o irritación, especialmente en personas con problemas de sensibilidad o circulación.

Posteriormente, se añade aproximadamente media taza de sal marina o sales de Epsom y se mezcla hasta que se disuelva por completo.

El tiempo recomendado para mantener los pies en remojo es de entre 10 y 20 minutos. Durante ese periodo también puede realizarse un masaje suave para favorecer la relajación muscular y estimular la circulación.

Una vez finalizado el baño, es importante secar cuidadosamente los pies, especialmente entre los dedos, ya que la humedad favorece la aparición de infecciones por hongos.

Como paso final, los especialistas aconsejan aplicar una crema hidratante o algún aceite para restaurar la humedad natural de la piel, ya que la sal puede resecarla si se utiliza con frecuencia.

¿Con qué frecuencia se recomienda?

Los expertos sugieren realizar este baño dos o tres veces por semana, ajustando la frecuencia según las necesidades de cada persona y el estado de la piel.

Si existen heridas profundas, infecciones activas, problemas circulatorios importantes o diabetes con pérdida de sensibilidad en los pies, es recomendable consultar previamente con un profesional de la salud antes de utilizar este tipo de remedios caseros.

Aunque remojar los pies en agua tibia con sal no sustituye un tratamiento médico cuando existe una enfermedad, sí puede convertirse en una práctica sencilla de autocuidado que ayuda a aliviar el cansancio, favorecer la relajación y mantener una mejor salud de la piel, especialmente después de jornadas largas o actividades físicamente demandantes.

SL
Redacción Síntesis Legislativa
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