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El Ejército de Terracota pudo ser creado por mujeres y niños: las huellas que cambiaron la historia

Por Redacción Síntesis Legislativa 19 de octubre de 2026 Actualizado: 19 de octubre de 2026

Durante décadas, la fabricación del Ejército de Terracota se ha asociado con el trabajo de artesanos adultos, principalmente hombres, encargados de producir las miles de figuras que custodian el mausoleo del emperador Qin Shi Huang en China. Sin embargo, una nueva investigación plantea que detrás de estas esculturas monumentales también pudieron participar mujeres y menores de 15 años, quienes habrían contribuido a dar forma a uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de la Antigüedad.

El estudio, publicado en la revista científica Journal of Cultural Heritage, analizó las huellas dactilares que quedaron impresas accidentalmente en la arcilla durante la elaboración de los guerreros. Estas marcas, conservadas durante más de dos milenios, permitieron a los investigadores estimar qué grupos de edad y sexo podrían haber participado en el trabajo artesanal.

Los resultados sugieren que la producción de las figuras pudo involucrar a una población más diversa de lo que se pensaba. No obstante, los propios investigadores advierten que las proporciones obtenidas corresponden exclusivamente a las huellas examinadas y no permiten establecer cuántas mujeres, hombres o menores trabajaron realmente en los talleres.

El hallazgo del Ejército de Terracota comenzó en 1974

La historia moderna de este ejército subterráneo comenzó en 1974, cuando unos agricultores que excavaban un pozo cerca de Xi’an, en la provincia china de Shaanxi, encontraron fragmentos de figuras de tamaño real. El descubrimiento condujo a la identificación de un complejo funerario extraordinario, construido para acompañar al emperador Qin Shi Huang, quien unificó China y gobernó entre 221 y 210 antes de nuestra era.

El conjunto arqueológico incluye alrededor de 8 mil guerreros de terracota, además de carros, caballos y otras figuras. Cada escultura presenta características particulares en el rostro, el peinado, la vestimenta y otros detalles, lo que ha alimentado durante décadas las investigaciones sobre las técnicas de producción empleadas por los artesanos de la dinastía Qin.

Una de las grandes preguntas ha sido cómo se organizó la fabricación de semejante cantidad de figuras. Algunas hipótesis proponen que los talleres elaboraban por separado las cabezas, los brazos, las piernas y otras partes, que posteriormente se ensamblaban. Otras investigaciones sugieren que determinados talleres producían figuras completas.

Las inscripciones encontradas en las piezas también han aportado información sobre la organización del trabajo. Algunas permitieron distinguir entre alfareros vinculados con la producción estatal y artesanos locales. A su vez, los análisis de la arcilla revelaron diferencias entre objetos con distintas marcas, lo que apunta a la posible existencia de talleres con métodos o procedencias diferentes.

Pese a estos avances, identificar quiénes realizaron cada tarea ha sido mucho más complicado. Los registros arqueológicos no permiten conocer directamente la edad o el sexo de todos los trabajadores, por lo que las huellas conservadas en la arcilla representan una fuente adicional de información.

Las huellas dactilares revelan quiénes pudieron trabajar en los talleres

Para investigar esta cuestión, el equipo encabezado por el arqueólogo Xiaoxi Li, del Museo del Mausoleo del Emperador Qin Shi Huang, examinó 79 huellas dactilares bien conservadas en 36 guerreros pertenecientes a la unidad T23 del foso 1.

Las marcas aparecieron en diferentes partes de las figuras, desde las cabezas hasta uno de los pies. De acuerdo con el análisis, 73 se produjeron durante actividades como el moldeado, el modelado y el ensamblaje de la arcilla. Las seis restantes estaban relacionadas con la presión ejercida al colocar elementos decorativos previamente preparados, entre ellos detalles de las armaduras y cinturones.

Estas impresiones involuntarias funcionan como una especie de registro biológico de quienes manipularon el material. Aunque no permiten identificar a una persona concreta, sus características pueden aportar indicios sobre determinados rasgos de quien dejó la marca.

Los investigadores se concentraron en la distancia entre las crestas que forman los patrones de las huellas dactilares. Esta separación suele aumentar durante el crecimiento y, en promedio, tiende a ser ligeramente mayor en los hombres adultos que en las mujeres. Sin embargo, las medidas se superponen entre distintos grupos, especialmente cuando se comparan adolescentes y mujeres adultas.

Por esa razón, no era posible determinar de manera confiable la edad y el sexo de cada artesano a partir de una sola huella. Para abordar el problema, el equipo recurrió a un modelo estadístico que permitiera calcular probabilidades y estimar la composición general de los grupos representados en la muestra.

¿Qué porcentaje de huellas correspondería a mujeres y menores?

El análisis estadístico arrojó una distribución estimada de 45 por ciento de huellas atribuibles a hombres adultos, 32.7 por ciento a mujeres adultas y 22.3 por ciento a menores de 15 años.

Estas cifras sugieren que las mujeres y los jóvenes pudieron desempeñar un papel en la producción de los guerreros de terracota, aunque la interpretación debe hacerse con cautela. Los porcentajes no representan un recuento directo de trabajadores, sino una estimación basada en las características de las huellas estudiadas.

Para obtener esos resultados, los científicos emplearon un modelo de mezcla bayesiano, un método estadístico que permite estimar la proporción probable de diferentes grupos dentro de una muestra cuando no es posible clasificar cada elemento con absoluta certeza.

El enfoque resulta útil porque reconoce que las características de las huellas pueden coincidir entre personas de diferentes edades y sexos. En lugar de asignar una identidad definitiva a cada marca, calcula qué combinación de grupos explica mejor las mediciones observadas.

La investigación también consideró que algunas medidas tradicionales utilizadas para analizar las huellas, como la distancia entre las crestas y su densidad, están estrechamente relacionadas. Tratarlas como indicadores completamente independientes podría dar un peso excesivo a una misma característica biológica y distorsionar las estimaciones.

El modelo permitió incorporar la incertidumbre en los cálculos, pero no elimina las limitaciones de la muestra ni convierte las probabilidades en pruebas definitivas sobre la identidad de los artesanos.

¿Por qué habrían participado niños en la fabricación de los guerreros?

La posible presencia de menores en los talleres encuentra un contexto interesante en documentos históricos de la dinastía Qin. Entre ellos figuran textos legales y registros relacionados con la formación de aprendices, que ayudan a comprender cómo se organizaban las actividades artesanales en aquella época.

Algunos documentos conservados en tablillas de bambú, incluidos los de la Academia Yuelu, describen sistemas de aprendizaje en los que la preparación de un aprendiz podía durar uno o dos años, dependiendo de su condición y de las tareas que debía dominar.

A partir de estos antecedentes, los investigadores plantean que los jóvenes pudieron colaborar en actividades menos complejas, como añadir adornos o trabajar ciertos detalles de las figuras, mientras que los artesanos con mayor experiencia se encargaban de labores que requerían más precisión y conocimiento técnico.

Sin embargo, esta explicación es una hipótesis sobre cómo pudo organizarse el trabajo, no una conclusión demostrada directamente por las huellas. La investigación no permite determinar qué tareas realizó cada grupo ni establecer si todos los menores identificados estadísticamente eran aprendices.

El límite de los 15 años utilizado en el análisis se relaciona con la documentación jurídica de la dinastía Qin sobre la responsabilidad legal según la edad. No significa que las huellas permitan distinguir con exactitud a una persona de 14 años de otra de 16, sino que se empleó una categoría de referencia para estimar la posible presencia de menores.

Las mujeres también pudieron formar parte de la producción artesanal

La participación femenina tampoco sería incompatible con la organización del trabajo durante la dinastía Qin. Algunas inscripciones halladas en objetos lacados de ese periodo mencionan a mujeres adultas, niñas y niños involucrados en actividades artesanales bajo supervisión estatal.

Estos registros sugieren que la producción de bienes no necesariamente estaba reservada a los hombres adultos. La intervención de distintos grupos podía formar parte de una estructura de trabajo organizada, en la que las tareas se distribuían de acuerdo con las habilidades, la experiencia y las necesidades de los talleres.

El nuevo estudio abre la posibilidad de que una diversidad semejante existiera en la fabricación del Ejército de Terracota. No obstante, los documentos históricos ofrecen contexto, pero no prueban por sí mismos que las mujeres mencionadas en otras actividades artesanales trabajaran directamente en las figuras del mausoleo.

La combinación de evidencias arqueológicas, análisis estadísticos y documentos antiguos permite formular una interpretación más amplia de la producción. En lugar de imaginar una cadena de trabajo integrada exclusivamente por hombres adultos, los investigadores consideran posible que los talleres reunieran a personas con distintos perfiles y niveles de experiencia.

Las limitaciones que impiden llegar a una conclusión definitiva

Aunque los resultados son relevantes, el estudio presenta varias limitaciones. La primera es el tamaño y la procedencia de la muestra: las 79 huellas analizadas pertenecen a una sola sección del yacimiento, por lo que no necesariamente representan las condiciones de todos los talleres que participaron en la construcción del Ejército de Terracota.

Además, no todos los trabajadores debieron dejar la misma cantidad de marcas. Una persona pudo imprimir varias huellas durante el proceso de fabricación, mientras que otra pudo no dejar ninguna que se conservara hasta nuestros días. También es posible que los artesanos menos experimentados manipularan la arcilla de manera diferente y dejaran más impresiones visibles.

Otra limitación está relacionada con los datos utilizados como referencia para interpretar las huellas. El modelo se apoyó en información de poblaciones europeas modernas, cuyas características no necesariamente representan de forma exacta a la población china de hace más de dos mil años. Esta diferencia podría influir en las estimaciones y llevar a sobrestimar la participación de mujeres o menores.

Los investigadores también tuvieron que considerar los cambios físicos que experimenta la arcilla durante el secado y la cocción. Estos procesos pueden modificar sus dimensiones y afectar las mediciones de las marcas, aunque el equipo incorporó esa incertidumbre a sus cálculos.

Por estas razones, los porcentajes deben interpretarse como estimaciones preliminares que requieren nuevas investigaciones y muestras más amplias. El hallazgo no demuestra de manera definitiva cuántas mujeres y menores participaron en la construcción del ejército, pero ofrece indicios para reconsiderar quiénes pudieron intervenir en aquella producción.

Las huellas dactilares, pequeñas marcas que sobrevivieron durante más de dos milenios, aportan así una nueva perspectiva sobre la organización del trabajo en la antigua China. Detrás de las miles de figuras que hoy asombran al mundo pudo existir una comunidad artesanal más diversa de lo que se había imaginado, integrada por trabajadores de distintas edades y posiblemente también por mujeres. La investigación no cierra el debate, pero demuestra cómo detalles casi invisibles pueden ayudar a reconstruir aspectos de la vida cotidiana que los grandes monumentos, por sí solos, no cuentan.

SL
Redacción Síntesis Legislativa
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