Alfonso Armando Vidales plantea que todos los mexicanos sean donantes de órganos
Iniciativa busca que todos sean donantes de órganos al morir salvo negativa expresa. Más de 20 mil pacientes esperan un trasplante.
Por Juan Pablo Ojeda
En México hay más de veinte mil personas atrapadas en una lista de espera médica donde el tiempo corre en su contra, aguardando por un riñón, un córnea o un corazón que les salve la vida. Frente a este panorama, el diputado Alfonso Armando Vidales puso sobre la mesa del Congreso de la Unión una propuesta que busca darle un giro total a la forma en que el país maneja la donación de órganos. La idea central es pasar de un sistema donde la gente tiene que anotar por escrito que quiere donar, a un modelo donde todos nos convirtamos en donantes automáticos al fallecer, a menos que en vida hayamos dejado firmado un papel que diga exactamente lo contrario.
Esta figura jurídica se conoce en las políticas públicas como consentimiento presunto y busca eliminar las trabas burocráticas que hoy provocan que miles de órganos viables se pierdan en los hospitales. En términos sencillos, el planteamiento de Alfonso Armando Vidales busca voltear la tortilla del procedimiento actual: hoy, si no expresaste tu voluntad de ser donante, la ley asume que no lo eras, lo que obliga a los médicos a buscar a los familiares en momentos de duelo para pedir autorizaciones que casi siempre terminan en un no por miedo o falta de información.
Desde la trinchera económica y de salud pública, la falta de trasplantes le cuesta al Estado mexicano miles de millones de pesos al año en tratamientos paliativos. Por ejemplo, mantener a un paciente con insuficiencia renal en hemodiálisis continua es enormemente más caro para el IMSS o el ISSSTE que realizarle un trasplante de riñón que le devuelva la productividad y la salud. Al elevar la disponibilidad de órganos, el sistema de salud no solo ahorra recursos financieros presupuestales que hoy están ahorcados, sino que reincorpora a miles de adultos jóvenes a la economía activa del país.
El proyecto de modificación a la Ley General de Salud aclara que la decisión final no dejaría fuera a los seres queridos. El modelo propuesto es solidario, lo que significa que aun cuando la persona fallecida no haya dejado una negativa por escrito, los médicos mantendrán una consulta respetuosa con la familia inmediata para confirmar que no existía una oposición verbal expresa en vida. Esta salvaguarda busca evitar conflictos legales o morales en las salas de urgencias, haciendo el proceso mucho más transparente y humano para todas las partes involucradas.
En el contexto internacional, países que han adoptado este esquema de consentimiento implícito, como España, se han colocado a la cabeza mundial en tasas de donación, multiplicando por tres el número de cirugías exitosas en comparación con las métricas latinoamericanas. México actualmente registra una tasa sumamente baja de donantes por cada millón de habitantes, un indicador que los especialistas atribuyen no a la falta de solidaridad de la gente, sino a la ausencia de un marco legal ágil que facilite los trámites en los momentos críticos.
Para que esta propuesta funcione en la realidad y no se quede solo en el papel impreso en la Gaceta Parlamentaria, el legislador planteó que el Centro Nacional de Trasplantes deba construir un Registro Nacional de No Donantes. Este padrón digital permitiría a cualquier ciudadano acudir a un trámite sencillo, rápido y gratuito para asentar su negativa, garantizando que el Estado respete de forma absoluta la libertad individual y las creencias religiosas de quienes prefieran no participar en el esquema de donación.
La discusión de esta iniciativa arrancará en las comisiones de trabajo de la Cámara de Diputados, donde los legisladores tendrán que arrastrar el lápiz junto a médicos, economistas y expertos en derecho constitucional. De aprobarse, México daría un paso decisivo hacia la modernización de sus servicios sanitarios, transformando una trágica pérdida individual en una oportunidad real de vida para miles de familias que hoy ven pasar los días con la incertidumbre de un teléfono que no suena.


