¿Asamblea o plenaria? Mier separa quién va a sentarse en la Mesa
Mier distinguió hoy plenaria de asamblea: la agenda va en una; el presidente de la Mesa, en la otra. Aún no hay voto.
Ignacio Mier camina del estacionamiento al despacho con el celular en una mano y los lentes en la otra, como quien ya memorizó la frase que quiere dejar grabada. No anuncia un ganador. Anuncia un diccionario. La Reunión Plenaria, dice, se hace dos veces al año para amarrar la agenda legislativa. La decisión de quién presidirá la Mesa Directiva del Senado se toma en la Asamblea General. En política chilanga eso se llama ponerle letrero al cuarto para que nadie se cuele al que no le toca.
El dato no es menor: este domingo la bancada de Morena en la Cámara alta abre sus reuniones previas al tercer año de la LXVI Legislatura. El lunes 1 de septiembre el periodo arranca. Laura Itzel Castillo deja la presidencia de la Mesa para irse a la Secretaría de las Mujeres. Su suplente, Elizabeth Fiesco Díaz, entra al escaño. El escritorio de quien pita el pleno queda vacío a partir de esa fecha. Alguien tiene que sentarse. Y no es un detalle de protocolo: quien preside la Mesa representa legalmente al Senado, conduce el debate y firma el trámite de lo que llega de Palacio.
La Ley Orgánica no habla de asambleas de partido. El artículo 62 es seco: la Mesa se integra con un presidente, tres vicepresidentes y cuatro secretarios; se elige por mayoría absoluta de los senadores presentes y en votación por cédula; dura un año; sus integrantes pueden ser reelectos. Ocho sillas. Una cédula. Quien no alcance esa mayoría absoluta, por más consenso que pregone en el pasillo, no abre la sesión. ¿Se entiende la diferencia entre el corrillo y el salón? Una cosa es el grupo; otra, los 128.
En el grupo, el nombre que más se repite es el de Higinio Martínez Miranda, senador mexiquense. Excélsior lo dio por consenso de la mayoría el 26 de agosto; La Jornada escribió que “es un hecho” pero “se votará”. El propio Martínez ha dicho que la Mesa sirve para acuerdos, no para pleitos. Del otro lado del mismo pasillo, Gerardo Fernández Noroña —quien ya ocupó esa presidencia en el primer año— pidió entrar a la votación y sostuvo que un año electoral pide mano firme, no conciliación. Óscar Cantón Zetina y Manuel Huerta Ladrón de Guevara no han bajado la mano en público. Cuatro nombres para una silla. Eso, en cualquier vecindad, se resuelve contando, no declamando unidad.
Mier dice que confía en una candidatura de unidad por consenso y que no puede haber intereses personales por encima de la nación ni del proyecto. Es su tesis. El Reglamento, en cambio, no pregunta por el proyecto: pregunta cuántos senadores presentes marcan la cédula. Si la Asamblea cierra filas, el pleno del lunes será trámite. Si Noroña u otro fuerza el recuento interno, el trámite se pone nervioso. La oposición no elige al candidato de Morena, pero vota en el pleno. Con mayoría absoluta de presentes, una fractura se nota.
El mismo domingo, unas horas antes, Castillo recibió como presidenta de la Permanente el oficio 190.-371 de Gobernación: la iniciativa de nacionalidad única para quien quiera ser presidenta, presidente o gobernador. El papel ya está en el Congreso. Quien herede la Mesa va a tener que conducir, entre otras cosas, el cauce de esa reforma y del resto de la agenda que el gabinete baja esta misma plenaria: Rosa Icela Rodríguez inaugura; Ebrard, Delgado y Velasco desfilan; el lunes entran Hacienda y Bienestar. La agenda no espera a que se pongan de acuerdo los egos.
Hay quien ya tituló que Martínez “será” presidente. Falta el acta. Falta la cédula. Falta que el pleno lo diga. Tratar la Asamblea como si fuera el Diario Oficial es el error de principiante que Mier, precisamente, intentó corregir frente a la cámara. Plenaria es el menú. Asamblea es el anfitrión. El restaurante abre el lunes.
Para el lector el efecto es concreto: de esa Mesa depende el ritmo con que se discutan reformas constitucionales —que piden dos terceras partes— y leyes ordinarias. El bloque oficialista anda justo de votos calificados después de la salida de Enrique Inzunza como independiente. Eso no decide al presidente de la Mesa, que se elige por mayoría absoluta, pero sí decide si el periodo sale barato o se atora en cada artículo. Quien pite tiene que saber contar.
El cierre cabe en una frase de pasillo que Mier no dijo y la ley sí implica: la unidad se declara en la Asamblea; se demuestra en la cédula. Pregúntele el lunes a su senador no a quién quiere, sino a quién marcó. Ahí se acaba el glosario.


